Día de la Lealtad: El hito histórico que redefinió la política argentina
BUENOS AIRES — El 17 de octubre marca una de las efemérides más trascendentales en la historia política y social del país. En esta fecha se rememora la jornada de 1945 en la que una multitud trabajadora irrumpió en la Plaza de Mayo para exigir la liberación del entonces coronel Juan Domingo Perón, dando nacimiento al movimiento peronista y transformando el escenario político nacional para siempre.
El origen del conflicto
Para octubre de 1945, Perón ocupaba de forma simultánea la Secretaría de Trabajo y Previsión, la Vicepresidencia de la Nación y el Ministerio de Guerra dentro del gobierno de facto surgido en 1943. Su creciente influencia popular, lograda a través de la firma de estatutos obreros, convenios colectivos, vacaciones pagas y aguinaldo, despertó recelos en amplios sectores de las Fuerzas Armadas y en la oposición tradicional.
Ante la presión interna, el 9 de octubre Perón fue forzado a renunciar a sus cargos y, pocos días después, el 13 de octubre, resultó detenido y trasladado a la isla Martín García, para luego ser ingresado al Hospital Militar.
La irrupción de las masas
A pesar del desmantelamiento de la cúpula oficial, la base obrera respondió rápidamente. Desde las primeras horas del miércoles 17 de octubre, miles de trabajadores provenientes de los cordones industriales del Gran Buenos Aires —Avellaneda, Berisso, Lanús, La Matanza y San Martín— cruzaron los puentes y marcharon hacia el centro porteño.
A pie, en tranvía o en camiones, la masa trabajadora colmó la Plaza de Mayo en una movilización inédita sin precedentes organizativos estatales. El gesto espontáneo de muchos manifestantes que aliviaron el calor de la jornada lavándose los pies en la fuente de la plaza se convirtió en un ícono cultural e histórico.
El discurso desde el balcón
Acorralada por la presión popular y el paro general convocado por las bases obreras, la junta militar debió ceder y trasladar a Perón a la Casa Rosada. Cerca de las 23:00, Perón se presentó en el balcón de la Casa de Gobierno para dirigirse a la multitud:
«Esta hora será histórica para la República.
Es necesario que el trabajador posea y sepa defender la felicidad (...). Recuerden trabajadores, únanse, sean más hermanos que nunca, porque sobre la hermandad de los que trabajan, ha de levantarse en esta hermosa Patria, la unidad de to dos los argentinos ».
El pedido de calma y el llamado al trabajo sellaron un pacto entre el líder y sus seguidores que derivaría, pocos meses después, en el triunfo electoral de febrero de 1946, catapultándolo a su primera presidencia.
Un legado permanente
Con el paso de las décadas, el Día de la Lealtad dejó de ser solo un hito del pasado para convertirse en la fecha mítica del calendario peronista y una jornada clave para reflexionar sobre los derechos laborales, la representatividad social y el protagonismo de las mayorías populares en la Argentina.














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