Compañeros y ciudadanos,
El Peronismo no nació en los despachos fríos de la burocracia, ni en los salones elegantes de la herencia aristocrática. El Peronismo nació en el barro, en la fábrica y en la plaza. Aquel 17 de octubre no fue solo una movilización; fue el grito de un pueblo que decidió dejar de ser invisible para convertirse en el protagonista de su propio destino.
Esa es la única fuente de legitimidad: el pueblo sobre la oligarquía.
La verdadera cara de la oligarquía
Hoy debemos recordar que la "oligarquía" no es solo un apellido ilustre o una cuenta en el extranjero. La oligarquía es una mentalidad de privilegio. Por eso, hay que ser claros y contundentes:
El funcionario que se sirve de su cargo es oligarca.
Quien utiliza el poder que le dio el pueblo para beneficio personal, traiciona la causa nacional.
No importa cuánto cante la marcha; si actúa de espaldas a la necesidad del trabajador, se ha pasado a las filas del privilegio.
El Peronismo es Servicio, no Privilegio
Ser peronista es entender que donde hay una necesidad, nace un derecho, pero también que donde hay una responsabilidad pública, nace un deber de humildad. El auténtico pueblo es el que trabaja, el que sueña y el que construye la Nación día a día.
No permitamos que la esencia de aquel 17 de octubre se diluya en la soberbia de los cargos. El poder es del pueblo, y los funcionarios son simplemente sus servidores. Fuera de la lealtad al trabajador, no hay peronismo posible.
