Atorranta | Capítulo 6: El Nuevo de Literatura
El lunes llegó con un frío inusual para la época. Lucía entró al aula de Literatura con la cara lavada y el pelo recogido en una colita alta, algo raro en ella. Se sentó al fondo, pero esta vez no sacó el maquillaje ni el celular.
Julián entró al aula cargando su termo y un libro de tapas gastadas. No pasó lista de inmediato. Se apoyó en el escritorio y miró al grupo.
—Bueno, hoy vamos a hablar de lo que significa tener una máscara. Todos acá tienen una. Milagros tiene la de la chica perfecta, Nico la del deportista que no rompe un plato... y García —dijo, buscándola con la mirada— tiene la de la chica a la que todo le chupa un huevo.
El curso quedó en silencio. Milagros soltó una risita nerviosa.
—¿Qué pasa, Milagros? ¿Te sentís identificada? —preguntó Julián sin agresividad—. El tema es que, detrás de las máscaras, generalmente hay alguien muerto de miedo. A ver, García, ¿qué te pareció el cuento que te mandé?
Lucía sintió que treinta cabezas se giraban hacia ella. La Chuli la miró con la boca abierta.
—Estaba... bien —respondió Lucía, tratando de recuperar su tono de suficiencia—. Un poco retorcido. Me gustó que la protagonista no pidiera perdón por ser rara.
—Exacto —coincidió Julián—. No pide perdón. Pero paga un precio. ¿Cuál es el precio que estás pagando vos por tu personaje, Lucía?
—El mismo que pagan todos, Profe. La diferencia es que yo sé cuánto cuesta la entrada y la pago con gusto.
—¿Segura? —Julián se acercó un poco más—. Porque a veces, por querer ser la más dura del pabellón, terminás quedándote sola en una celda que vos misma construiste.
Lucía no respondió, pero no bajó la mirada. El resto de la clase fue un debate intenso sobre la identidad, algo que nunca había pasado en ese aula gris. Por cuarenta minutos, nadie habló del video de Santi, ni de las polleras cortas, ni de quién era más o menos "atorranta".
Al tocar el timbre, Lucía fue la última en guardar las cosas.
—García —la llamó Julián antes de que saliera—. No dejes de leer. Es lo único que te va a salvar cuando el acting se te gaste.
Lucía asintió apenas y salió al pasillo. Se encontró de frente con Milagros, que la estaba esperando. Pero esta vez, Milagros no venía a gritar.
—¿Es verdad que leíste eso? —preguntó Milagros, con una voz pequeña.
—Leí cosas peores —contestó Lucía, retomando su camino—. ¿Querés que te lo pase? Capaz te ayuda a entender que tu novio es un idiota sin necesidad de que yo te lo explique.


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