PsicoEspacio: Hoy habla pablo y sus problemas financieros.

 

Escribo esto con una mezcla de impotencia y un cansancio que no se cura durmiendo. Hoy volví a mirar el resumen de la tarjeta y la cifra me devolvió la mirada como un muro de concreto. No es solo un número; es el recordatorio de que mi futuro está hipotecado.

Tengo ganas de comerme el mundo, de emprender, de concretar esos proyectos que me quitan el sueño por las noches, pero el peso de los intereses me tiene anclado al suelo. Siento que camino en una cinta de correr: hago un esfuerzo sobrehumano para pagar el mínimo, para no "caerme" del sistema, pero no avanzo ni un milímetro.

Es frustrante ser joven y sentir que el crecimiento es un privilegio de otros. Se supone que estos son los años para apostar, para crear y para equivocarse, pero el margen de error es cero cuando debés lo que todavía no ganaste. El banco no ve mi potencial, solo ve un código de barras que no llega a cubrir el saldo total.

Me da rabia que la meritocracia se sienta como una trampa cuando la base de la pirámide está rota. Quiero producir, quiero que mis ideas tengan espacio, pero hoy mi energía se agota calculando cómo llegar al mes que viene sin que me corten el crédito.

No quiero que me regalen nada. Solo quiero que el peso de ayer me deje levantar la cabeza para mirar el mañana. Porque ahora mismo, no estoy viviendo; estoy pagando por el derecho a existir en un sistema que me pide crecer mientras me corta las piernas.

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