PsicoEspacio: Maria, El silencio de las persianas bajas

 

Hoy no escribo desde la objetividad de un dato estadístico, sino desde la bronca de quien ve cómo se desmorona el esfuerzo de años en nuestras ciudades. Lo que estamos viviendo en Santa Fe no es una "transición" ni un "ajuste necesario"; es una herida abierta en el corazón de nuestras familias.

Es indignante ver cómo, semana tras semana, nos enteramos de un nuevo despido, de una Pyme que no aguanta más la presión o de un comercio que, tras décadas de historia, decide bajar la persiana para siempre. Detrás de cada telegrama de despido no hay solo un número: hay un padre que no sabe cómo explicar que ya no hay sustento, hay jóvenes que ven su futuro fuera de su propia tierra y hay una dignidad que se intenta pisotear.

¿Hasta cuándo vamos a normalizar la incertidumbre?

Estamos cansados de las promesas vacías y de las explicaciones técnicas que no llenan la heladera. Santa Fe siempre fue el motor productivo del país, pero hoy ese motor está siendo asfixiado por la indiferencia. El trabajo es el eje que ordena nuestra vida, y quitárselo a la gente es quitarle su lugar en el mundo.

No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras el desempleo se vuelve parte del paisaje urbano. La pasividad ante la pérdida de puestos de trabajo es una forma de complicidad. Necesitamos respuestas urgentes, políticas que protejan a los que producen y, sobre todo, un respeto básico por el derecho a una vida digna.

Esto no es solo una crisis económica; es un llamado a la resistencia de nuestra identidad trabajadora. Porque si nos quitan el trabajo, nos están quitando el mañana.

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