Atorranta | Capítulo 3: La Ley del Mínimo Esfuerzo
El laboratorio de Química olía a una mezcla insoportable de gas, alcohol y encierro. Era miércoles, primera hora, y el profesor "El Pampa" Benítez no tenía piedad. Era un hombre de pocas palabras, con el pelo canoso cortado a cepillo y una mirada que parecía detectar el machete más oculto a kilómetros de distancia.
—García, deje de mirar la ventana. La tabla periódica no está en el patio —tronó la voz del Pampa.
Lucía suspiró, apoyando la mejilla sobre la palma de la mano. Frente a ella, la hoja del examen de compuestos orgánicos parecía estar escrita en chino mandarín. "Alcanos, alquenos, alquinos... ¿a quién le importa esto?", pensó.
—Profe, ¿usted no siente que la vida es demasiado corta para andar contando átomos? —soltó Lucía, buscando la distracción general. Algunos chicos se rieron por lo bajo.
—Para usted va a ser muy corta la estadía en este curso si no empieza a escribir, García. Le quedan cuarenta minutos.
El Plan de Seducción Intelectual
Lucía sabía que no tenía nada que perder. Se acomodó el pelo, se enderezó y empezó a jugar con el bolígrafo entre los dedos. Cuando Benítez pasó por su lado, ella le hizo una seña casi imperceptible.
—Profe, acérquese un segundo... tengo una duda existencial con el punto dos —susurró con su mejor voz de "chica en problemas".
El Pampa se inclinó, manteniendo una distancia prudencial.
—¿Qué pasa ahora?
—Es que... estuve repasando mucho, en serio. Pero estos días fueron difíciles. Usted sabe, todo ese lío en las redes... no pude dormir bien. ¿No hay forma de que le entregue un trabajo práctico extra? Yo soy más de los trabajos de investigación, me gusta profundizar —dijo ella, clavándole esos ojos que solían desarmar a los preceptores.
Benítez la miró por encima de sus anteojos de lectura. No había rastro de duda en su cara.
—García, usted no sabe distinguir un enlace covalente de un cordón de zapatilla. No me venga con cuentos chinos. El examen se rinde hoy. Y si me vuelve a hablar en tono de confesionario, le saco la hoja por intento de distracción.
Lucía se hundió en su silla. El plan A había fallado. Miró a la Chuli, que estaba dos bancos más adelante, intentando desesperadamente copiarle a Nico, el de básquet.
La Salida de Emergencia
A los veinte minutos, Lucía se levantó. El aula quedó en silencio. Todos sabían que era imposible haber terminado. Caminó hacia el escritorio del profesor con un paso seguro, casi desafiante. Dejó la hoja sobre el escritorio. Estaba casi vacía, excepto por un dibujo de una calavera con auriculares y una frase escrita en el margen: "El orden de los factores no altera el embole".
—¿Ya terminó, García? —preguntó Benítez sin levantar la vista.
—Digamos que llegamos a un acuerdo mutuo: la química y yo decidimos tomarnos un tiempo.
Salió del aula sin esperar respuesta. En el pasillo, el silencio era absoluto. Se dirigió al gimnasio, que a esa hora estaba vacío. Se sentó en las gradas más altas, donde el aire circulaba mejor. Sacó su celular y vio que tenía diez mensajes nuevos. Todos de Santi.
Santi: Lu, tenemos que hablar. Milagros me rompió todo en la cara. Mis viejos se enteraron de lo del video.
Santi: Respondeme. ¿Por qué me hiciste esto? Vos sabías que me grababan.
Lucía sonrió para sí misma mientras borraba los mensajes uno por uno. No los leyó todos. No le interesaba el drama de un chico que no sabía hacerse cargo de sus propios deseos.
Un Encuentro Inesperado
—¿Otra vez afuera de clase, García?
Lucía dio un salto. No había escuchado a nadie entrar. Era el nuevo profesor de Literatura, el que todos llamaban "El Joven", aunque debía tener unos treinta y pico. Se llamaba Julián. Llevaba una pila de libros y no vestía traje, sino una remera de una banda de rock y jeans gastados.
—El aire del aula estaba muy viciado, Profe —respondió ella, recuperando la compostura—. Además, Benítez y yo tenemos diferencias creativas.
Julián se sentó un par de gradas más abajo, dejando los libros a un lado.
—Escuché que sos buena escribiendo, pero que te gusta más el personaje que la obra.
Lucía lo miró con curiosidad. Era la primera vez que un profesor no le hablaba para retarla o para mirarla con desprecio.
—La gente compra el personaje, Profe. La obra no le importa a nadie si no hay un buen escándalo detrá
—Eso sirve para Instagram, pero no para la vida real —dijo él, levantándose—. El viernes tenemos clase. Espero que tu "personaje" traiga algo leído, porque conmigo no te va a servir el acting de chica rebelde. Yo ya leí ese libro, y el final es bastante aburrido si no le agregás un poco de contenido.
Julián se fue, dejándola sola en el gimnasio. Por primera vez en mucho tiempo, Lucía no tuvo una respuesta rápida. Se quedó mirando sus manos, sintiendo que, quizás, alguien empezaba a ver a través de su armadura.




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