ADIÓS A UN MITO: MURIÓ EL INDIO SOLARI, LA VOZ QUE MARCÓ EL ALMA DE LA CULTURA ARGENTINA
El rock nacional y la cultura popular argentina atraviesan sus horas más oscuras. Carlos Alberto “El Indio” Solari, el mítico exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y creador de la mística religiosa más grande de nuestra música, falleció esta madrugada a los 77 años en su casa de Parque Leloir, en el partido de Ituzaingó.
La confirmación llegó a primeras horas de la mañana, luego de que un operativo médico constatara su deceso en su residencia. El histórico artista venía dando una larga y pública batalla contra el Mal de Parkinson —aquel que él mismo bautizó poéticamente como "un señor de uniforme oscuro"—, diagnóstico que reveló ante su público en el año 2016 y que lo obligó a retirarse de los escenarios de forma definitiva en 2023.
Una misa eterna de Parque Leloir al infinito
La noticia generó una conmoción inmediata que paralizó al país. Desde músicos de todas las generaciones hasta los millones de fieles que alguna vez peregrinaron a sus multitudinarias "misas ricoteras", el dolor se transformó en un homenaje colectivo en redes sociales y esquinas de todo el mapa argentino.
Nacido en Paraná en 1949, el Indio Solari construyó junto al guitarrista Skay Beilinson y la mánager Poli Castro el fenómeno autogestivo y contracultural más influyente de América Latina. Canciones como "Jijiji" —portadora de lo que se conoce mundialmente como el pogo más grande del mundo—, "Ji Ji Ji", "Un poco de amor francés" o "Esa estrella era mi lujo", quedaron grabadas a fuego en el ADN identitario del país. Tras la separación de la banda en 2001, su carrera solista al frente de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado no hizo más que agigantar un mito que colmó estadios y predios a campo abierto con cientos de miles de personas.
“No tengo ningún miedo a la muerte. No pienso en el futuro, vivo en el presente. No sé cómo abarcar la muerte, es como una gloria que te excede”, había reflexionado el propio Solari con una llamativa serenidad meses atrás, en una de sus últimas entrevistas radiales.
El legado de un hombre que no quiso tradiciones
Fiel a su estilo ermitaño pero hiperconectado con su tiempo, el Indio pasó sus últimos años recluido en su búnker de Parque Leloir. A pesar de las duras limitaciones físicas que le imponía la enfermedad —"el día que estás mal, estás mal", supo confesar—, se mantuvo activo volcando su arte en la escritura, el arte digital y lanzando canciones de estudio a través de sus proyectos alternativos El Míster y los Fakires y El Cantante Tímido.
Con su partida, se cierra el capítulo de los próceres absolutos del rock en el país, pero se abre la inmortalidad definitiva de su obra. Sus letras crípticas, su defensa irrestricta de la independencia artística y su voz inconfundible ya no pertenecen a un hombre: ahora son patrimonio de un pueblo entero que hoy, entre lágrimas, canta que "las despedidas son esos dolores dulces".



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