PsicoEspacio: Marianela, Vecina de Firmat.
Con una mezcla de indignación y tristeza por lo que nos toca vivir día a día en nuestra ciudad. Hace unos días asistimos —algunos con asombro, otros con aplausos que no llego a comprender— a la fastuosa reinauguración del galpón del pueblo. Luces, discursos, cortes de cinta y un gasto de recursos públicos que, sinceramente, parece una burla en la cara de los firmatenses.
No tengo nada en contra de la cultura ni de recuperar los espacios de encuentro, pero todo tiene un límite y, sobre todo, una prioridad. Mientras se gastan millones en refaccionar un techo y armar un acto para la foto, los que caminamos y manejamos por Firmat todos los días tenemos que hacer malabares para no romper el auto, la moto, o directamente no quebrarnos una pierna.
Las calles de nuestra ciudad están detonadas. Hay barrios enteros donde el pavimento es un recuerdo lejano y las calles de tierra se vuelven intransitables cada vez que caen dos gotas de agua. Pozos que parecen cráteres, asfalto hundido, parches sobre parches. Eso es lo que sufrimos los vecinos de a pie, los mismos que pagamos los impuestos rigurosamente todos los meses.
¿De verdad la prioridad era gastar una fortuna en el galpón? Con ese dinero se podrían haber pavimentado cuadras clave, arreglado los accesos a los barrios o mejorado el bacheo que tanta falta hace. La gestión de una ciudad se mide por las prioridades, y hoy la prioridad de quienes nos gobiernan parece ser el cotillón y la cáscara, en lugar de la calidad de vida real de la gente.
Los firmatenses no vivimos adentro del galpón; vivimos en nuestras casas y transitamos nuestras calles. Exigimos que la plata de nuestros impuestos vuelva en obras esenciales, no en inauguraciones de campaña. Menos eventos de gala y más asfalto, por favor.




Comentarios
Publicar un comentario