El Dato Económico: La paradoja del ticket, ¿Por qué la inflación baja al 1,9% pero en el súper todo sigue subiendo?
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) acaba de publicar el número que el Gobierno esperaba para consolidar su narrativa de alivio económico: la inflación de junio de 2026 tocó el 1,9%. Es el tercer mes consecutivo de desaceleración y la cifra más baja en un largo tiempo. Sin embargo, si uno le menciona este porcentaje a cualquiera que venga de hacer las compras en el supermercado o de pagar las facturas de servicios, la respuesta inmediata suele oscilar entre la incredulidad y la bronca.
¿Cómo se explica esta tremenda desconexión entre la planilla de Excel oficial y el bolsillo de la gente? ¿Miente el INDEC, o hay algo en la matemática económica que no estamos terminando de entender?
La respuesta no está en una conspiración estadística, sino en el funcionamiento real de la economía y en el desgaste acumulado de los hogares.
1. Desaceleración no significa caída de precios
El primer malentendido es conceptual, pero tiene un impacto psicológico enorme. Que la inflación haya sido del 1,9% en junio no significa que las cosas hayan bajado de precio.
Si un paquete de fideos costaba $1.000 el mes pasado y la inflación de ese rubro es del 1,3% (como promediaron los alimentos en junio), el paquete ahora cuesta $1.013. Sigue siendo más caro. En Argentina venimos de un proceso de aumentos tan violento y sostenido en los últimos años que cualquier pequeño porcentaje se monta sobre una montaña de precios que ya eran altísimos. La inercia es pesada, y el acumulado interanual —que se ubica en un 33,5%— sigue pesando como un yunque.
2. La "licuadora" de los salarios: el verdadero problema
La inflación es solo una mitad de la ecuación; la otra mitad es el poder adquisitivo. Para que la baja de la inflación se sienta como un alivio real en la calle, los ingresos tendrían que recuperarse a una velocidad mayor de lo que suben las cosas.
En la realidad, la gran mayoría de los trabajadores formales, informales y jubilados arrastra una pérdida brutal de poder de compra. Aunque los precios de los alimentos den un respiro técnico subiendo "solo" un 1,3% mensual, si el sueldo no se mueve o se ajusta muy por detrás, la sensación térmica en la góndola seguirá siendo de asfixia. La recesión y el estancamiento de la actividad actúan como un freno de mano para los salarios.
3. Servicios y tarifas: el rubro que no da tregua
Mientras algunos alimentos muestran variaciones menores gracias a la brutal caída del consumo (la gente simplemente dejó de comprar segundas marcas o redujo porciones), hay gastos fijos que no se pueden evitar.
El rubro de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles registró una suba del 3,3% en junio, impulsado fuertemente por la quita de subsidios y la actualización de tarifas reguladas.
El dilema del presupuesto familiar: Aunque el promedio general de la inflación dé un número bajo (1,9%), el dinero que las familias destinan a pagar la luz, el gas, el alquiler y el transporte es cada vez mayor.
Esto deja un margen mínimo —casi inexistente— para todo lo demás.
El dato que duele: La Canasta Básica
El mismo día que se conoció el 1,9% de inflación, el INDEC reveló cuánto necesita una familia tipo de cuatro integrantes para no ser considerada pobre.
La cifra trepó a $1.531.473. Ese es el verdadero termómetro de la calle: una vara cada vez más alta y difícil de alcanzar para el promedio de los hogares argentinos.
Una calma que todavía no se festeja
La desaceleración de la inflación es, técnicamente, una condición necesaria para empezar a ordenar la macroeconomía. Pero para el ciudadano de a pie, la macroeconomía es una abstracción lejana.
La economía real se mide en la cantidad de bolsas que se traen del almacén, en la capacidad de pagar las boletas antes de que venzan y en llegar a fin de mes sin recurrir sistemáticamente a la tarjeta de crédito. Hasta que el salario real no empiece a ganarle de verdad a la inflación —incluso a esta inflación más baja—, el 1,9% seguirá siendo un frío número de oficina pública que contrasta fuertemente con la realidad diaria del bolsillo popular.




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