Amor De Prensa | Capítulo 4: El infiltrado y el archivo muerto
Las dos semanas siguientes fueron un torbellino de adrenalina. Para no levantar sospechas en sus redacciones, se veían en una biblioteca pública abandonada en la periferia de la ciudad, entre estanterías llenas de polvo y olor a papel viejo.
—Mira esto —dijo Julia, extendiendo una sábana de llamadas telefónicas que había conseguido de un contacto en la telefónica estatal—. El director de la aduana llamó diez veces al secretario privado del Ministerio antes de la rueda de prensa.
Leo se inclinó sobre el hombro de Julia para ver el papel. El aroma de su perfume, una mezcla de cítricos y sándalo, lo distrajo por un segundo.
—Es una cadena de mando clara —comentó Leo, con la voz un poco más baja de lo habitual—. Pero necesitamos el contrato original de la licitación. Está en el archivo central del Ministerio. Es un búnker.
—Yo puedo entrar —dijo Julia con una ceja levantada—. Tengo un amigo en el sindicato de limpieza. Me dará un uniforme.
—¿Estás loca? Si te atrapan, irás a la cárcel. No voy a dejar que vayas sola.
—¿"Dejarme"? —Julia se rio, pero no con burla, sino con una calidez nueva—. Vaya, Mendoza, no sabía que te importara tanto mi libertad.
—Me importa la nota, Torres. Solo la nota —mintió él.















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