PsicoEspacio: Hoy habla Nancy vecina de Firmat.
Les escribo estas líneas impulsada por la indignación y el cansancio acumulado de ver cómo se repite siempre la misma historia.
Resulta que ahora, mágicamente, los timbres de nuestras casas vuelven a funcionar, los folletos aparecen por debajo de las puertas y los rostros de los candidatos se despliegan en sonrisas impecables por cada rincón del barrio. Nos visitan, nos saludan con un entusiasmo repentino y se muestran sumamente interesados por cómo vivimos, por nuestras necesidades y por lo que nos preocupa.
Pero todas y todos en el barrio sabemos perfectamente por qué están acá: vienen a buscar el voto.
Lo indignante no es que vengan a presentar sus propuestas; lo verdaderamente triste y frustrante es el olvido posterior. Durante años, cuando las calles se inundan, cuando faltan servicios básicos, cuando la inseguridad nos angustia o cuando necesitamos que nos escuchen, no hay ni una sola visita, ni una respuesta, ni un teléfono al que acudir. Ahí no hay camisas arremangadas ni promesas de cambio. Ahí pasamos a ser invisibles.
Los vecinos y vecinas no somos un número en una urna ni un porcentaje en una encuesta electoral que solo cobra valor cada dos o cuatro años. Vivimos, trabajamos y sufrimos las falencias de la comunidad todos los días del año, no solo durante la campaña.
Si de verdad les importa nuestro barrio y nuestra gente, demuéstrenlo estando presentes cuando no hay nada que pedir a cambio. Mientras tanto, les pido que no pretendan que los recibamos con los brazos abiertos como si fuéramos viejos amigos, porque el respeto se demuestra con presencia continua y no con visitas por conveniencia.
Atentamente, Nancy vecina de Firmat.















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