Amor de prensa | Capítulo 2: El arte de pisarse la exclusiva
A la mañana siguiente, la oficina de El Nacional era un hervidero. El editor jefe le arrojó el periódico digital de la competencia sobre el escritorio de Leo.
—Nos ganaron la de ocho columnas, Leo. Torres consiguió las fotos de los contenedores.
Leo apretó los dientes. No iba a dejarse ganar por una treinteañera que medía el éxito en "likes". Pasó las siguientes doce horas al teléfono con sus contactos en el puerto. Para las nueve de la noche, tenía un nombre: Valores Médicos S.A., una empresa fantasma.
Decidido a confrontar al director de la aduana, Leo se apostó en el estacionamiento subterráneo de un restaurante exclusivo donde el funcionario solía cenar. Se ocultó detrás de una columna, esperando.
Cinco minutos después, escuchó unos pasos sigilosos. Alguien se agachaba detrás del coche de al lado.
—¿Pero qué...? —Leo se acercó y alumbró con la linterna de su teléfono.
Julia Torres lo miró parpadeando, con una cámara réflex colgada al cuello.
—¡Apaga eso, idiota! —susurró ella furiosa, tirándole de la chaqueta para obligarlo a agacharse—. Nos vas a delatar.
—¿Qué haces en mi guardia? —siseó Leo, extrañamente consciente de lo cerca que estaba el rostro de Julia del suyo en la penumbra.
—¿Tu guardia? Yo llegué primero. Y si no te callas, el director se va a ir por la otra salida.

















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