Los últimos días de la inocencias: Capítulo 8: Caza de Brujas
La cabaña pasa de ser un refugio a una prisión de madera. El captor no busca matarlos de inmediato; busca romperlos psicológicamente. La voz del walkie-talkie vuelve a sonar a las cuatro de la mañana.
"Propongo un juego de caballeros. Entréguenme a Tomás y los otros tres se van caminando al amanecer. Tienen diez minutos para decidir si la amistad vale una vida".
Mateo camina hacia la ventana. Su obsesión por la lógica colapsa.
—Si nos quedamos, nos mata a todos. Yo tengo una hija, Tomás. No puedo morir acá por un error tuyo de hace cinco años.
—¿Qué estás diciendo, Mateo? —salta Leo, furioso—. ¿Lo vamos a entregar? ¡Somos hermanos, la concha de tu madre!
—¡Es un homicida! —brama Mateo—. ¡Nos mintió a todos durante cinco años! Nos arrastró a su mierda.
Julián se mantiene al margen, encendiendo el último cigarrillo con las manos temblorosas.
—Si lo entregamos, el tipo nos mata igual para no dejar testigos. No sean idiotas. Hay que pelear.













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